• Omar Anguiano

"SABER ESCUCHAR"

El saber escuchar es tan relevante para el pensamiento maya que en lengua tojolabal hay una denominación especial para el concepto de lenguaje escuchado,ab´al” y otra para el de lenguaje hablado, “k´umal”. En éste aspecto se diferencia claramente de las lenguas derivadas de la rama indoeuropea las cuales hacen énfasis en el fenómeno de emitir el discurso soslayando la recepción del mismo. Pensemos por ejemplo en cómo la palabra lengua que nombra el “sistema de comunicación verbal, y casi siempre escrito, propio de una comunidad humana” [Diccionario de la Lengua Española, Online. Real Academia Española. Consulta Electrónica 2017] deriva de raíces etimológicas que hacen alusión al órgano fisiológico de articulación fónica: glosa, en griego, lingua en latín.


Esta forma en que los sistemas comunicativos se autonombran “lenguas” tiene profundas consecuencias filosóficas, políticas y culturales, ya que como nos advierte Fernanda Navarro cuando se refiere al trabajo de Carlos Lenkersdorf:


"Existe una indisoluble e imbricada relación entre pensamiento y lenguaje…la manera en que nombramos el mundo –a través de una particular estructura gramatical- refleja una forma singular de concebirle y de relacionarse en él y con él." [Navarro y Solares Fernanda Sylvia. Reflexiones sobre ´Aprender a escuchar´ de Carlos Lenkersdorf. Repositorio de la Facultad de Filosofía y Letras. UNAM]


Si el sistema comunicativo se autodenomina “lengua” se están resaltando las posibilidades humanas de acción y producción, ya que lo más importante para estas “lenguas” desde su misma estructura gramatical serán la emisión del mensaje, el emisor del mensaje, el medio técnico de emisión del mensaje, dejando como hechos de menor importancia tanto el cómo se escucha, el quién le escucha y en qué condiciones se escucha.

Los pueblos occidentales se refieren a sí mismos conforme a su lengua materna: los franceses por la lengua francesa, los rusos por la rusa, los alemanes por la lengua alemana, etc., el pueblo tojolabal no hace la excepción en éste hecho pero en su auto denominación hay una diferencia clave pues, como señaló Carlos Lenkensdorf:


El nombre de la lengua tojolabal…sirve de nombre para el pueblo de un modo particular desde la perspectiva occidental. Implica algo fuera de lo común en comparación con los nombres de otros pueblos. Porque se emplea el concepto de ‘ab’al, es decir, la lengua escuchada, y se le antepone el adjetivo ‘tojol’ que quiere decir recto y también aquello que cumple con su vocación…los tojolabales, pues, cumplen con su vocación cuando saben escuchar. Cuando se olvidan del escuchar ya no son cumplidores de su vocación. [Lenkensdorf, Carlos. Aprender a escuchar. Enseñanzas maya-tojolabales. Plaza y Valdés Editores. México, 2011. p 60.]


El ser tojol-‘ab’al entonces no es alguna cuestión biológica o étnica, sino que es “un compromiso”, como nos advierte Carlos Lenkersdorf, un compromiso de saber “escuchar al otro que te habla”, de poner el énfasis en el escuchar y no en el hablar, de saberse “obsequiado” con el hecho de recibir las palabras de los otros, por ello los tojol-’ab’ales “ponen su atención en los otros para entenderlos bien… y los entienden al respetar sus palabras, respetar su manera de ser y de expresarse” [Ibíd, p. 61], empero, cuando se sabe escuchar al otro se espera que, al mismo tiempo, el otro nos sepa escuchar y que sepa cumplir sus palabras, los tojolabales esperan eso de sus interlocutores, pues cuando esto sucede llegan a ser jmojtik, (hermanados), con los otros. Si esto último no se cumple, es decir si el interlocutor tiene sordera y no sabe escuchar, y pretende volverse “mandón”, “rico” o “explotador”, entonces se está destojolabalizando y deviene indigno de la confianza. Tenemos pues, ya, la idea más importante que se mencionará en el presente trabajo: todos los seres humanos, (hayamos nacido, o no, en el seno de ésta comunidad de origen Maya), podemos tojolabalizarnos (tojol’ab’al’alxi) o destojolabalizarnos (jnalaxi), todo dependerá de nuestra capacidad de “emparejarnos” con los otros, de habitar una estructura horizontal, pero no sólo en los niveles político, social, económico o cultural, sino incluso también en el plano cósmico.



¿Existen vasos comunicantes entre el “saber escuchar” tojolabal y el hacer música a partir de “escuchar atentamente” lo que se está tocando en cada momento para generar interplay como se hace en el jazz? La posibilidad de una investigación al respecto queda abierta hacia futuro…

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