• Omar Anguiano

ALGUNAS IDEAS SOBRE LA FORMA MUSICAL Y LA MODERNIDAD EN OCCIDENTE

1.- La modernidad en Occidente comienza, en términos generales, en el año 325 cuando Constantino declara al catolicismo como la religión oficial del Imperio Romano. En ése momento comienza la imparable circulación del sentido de modernidad como “autorreferencialidad histórica”, o sea como un sentido de la vida que siempre está buscando la conformación de “la última imagen de sí misma”. En estos términos podría hablarse de una cierta esclavitud de la vida en la modernidad frente al sentido último de la imagen del mundo.

Véase Oliva Mendoza Carlos, Relatos. Dialéctica y hermenéutica de la Modernidad. México. UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 2009.] Puedes leerlo aquí:

https://www.academia.edu/527330/Relatos._Hermen%C3%A9utica_y_dial%C3%A9ctica_de_la_modernidad


2.- La modernidad musical en Occidente comienza, tardíamente, con la búsqueda de una notación unificada para el canto católico que impulsa Carlomagno durante el siglo IX. A partir de ahí se desarrolla la escritura ‘diastemática’ que empieza a afinar cada vez más los parámetros de altura de notas y duración subdividida de los tiempos (hay que notar que el mundo antiguo sí tenía notación musical, pero era ‘fonética’ una letra representa a un sonido, pues la música antigua en general requiere del conocimiento de un uso tradicional y comunitario de ciertas escalas o ethos, para crear el sentido musical imitando cierto carácter humano, y no buscando fijando la forma de la obra a partir de parámetros exactos como en la modernidad).



3.- Este proceso del desarrollo de la escritura musical ‘diastemática’ se toma al menos cinco siglos hasta llegar a una forma familiar para nosotros en las partichelas de la polifonía renacentista -donde ya hay una división moderna del trabajo pues se hace posible que cada ejecutante toque una parte diferente, conformando la obra desde su individualidad, pero sin interpretar la partitura completa, que sólo la interpreta la parte de la dirección.


4.- El problema que se debe destacar es que a medida que se unifica el criterio de escritura o diagramación musical, va emergiendo poco a poco un catálogo amplio de formas musicales modernas i.e., el dúo, el trío, el motete, el rondó, el canon, el ricercare, la sonata, el concierto para solista, etc., que empieza a tener sentido por sí mismo, pues se instala ‘de forma parasitaria’ (la expresión está inspirada en las ideas del filósofo Bolivar Echeverría) sobre los despojos del sentido comunitario que todavía registra el catolicismo de la modernidad capitalista que cada vez se aleja más de la patrística y del cristianismo primitivo como sentido colectivo del mundo. Es tan fuerte el impulso formal en Occidente que incluso, de alguna manera la misa puede ceder parte de su sentido litúrgico comunitario para convertirse en una forma musical en sí misma. [Véase, Echeverría, Bolívar. Modernidad y capitalismo. 15 Tesis.] Puedes leerlo aquí:

http://www.bolivare.unam.mx/ensayos/modernidad_capitalismo.html


5.- La dependencia de la actualización de la forma musical en occidente corre paralelo al establecimiento de la versión cristiano-capitalista de la modernidad. Desde la polifonía renacentista hasta el romanticismo la forma es a la cultura musical, lo que la imagen es a la cultura en general.


6.- El jazz es la versión radicalmente musical de lo que hoy conocemos como blues, pero el blues no es una acción estética puramente musical, sino primeramente poético-verbal y, sólo después, musical. El blues es una práctica estética que se genera en el contexto de la llamada Emancipación de los esclavos afroamericanos (últimas tres décadas del siglo XIX en el E.U.A), cuya característica estética más fuerte es la serie de fenómenos que experimentarían casi cuatro millones de seres humanos que apenas unos años atrás se encontraba inserto en una economía agrícola-feudal con un cierto sentido comunitario de la vida (no sólo entre esclavos, sino incluso entre los grupos de esclavos y las casas familiares de los empobrecidos propietarios blancos del Sur que no pudieron evitar un incipiente mestizaje cultural con sus propios esclavos, sobre todo en la etapa final del proceso). Este grupo de comunidades fragmentadas debieron integrarse a una realidad social y económica plenamente moderna capitalista, como lo fue la sociedad estadounidense de principios del siglo XX.

7.- La relevancia del jazz como acción de implicaciones estéticas es que se nos presenta como una forma de hacer música que produce mucho, quizá excesivamente, tanto en temas melódicos como en adornos de articulación, nutriéndose de los restos de la música africana que sobrevivieron a casi trescientos años de esclavitud, y de la absorción de la música de la modernidad occidental, sobre todo de su sentido litúrgico protestante (que a fin de cuentas es una escisión de la modernidad católica europea), pero produce mucho sin fijarlo en algún soporte material. El jazz es una música que se está improvisando en cada evento, y en todos sus parámetros musicales: melodía, timbre, articulación, adecuación armónica y forma. Produce para para desaparecer. Produce sin finalidad práctica aparente, en un sentido mercantil acotado.


8.- El primer disco de jazz comercializado por la industria norteamericana data de la década de los 20s del siglo XX. La diáspora se produce en Storyville, el barrio que alberga la ‘zona roja’ de la ciudad de Nueva Orleans de manera legal desde 1897 hasta 1917, año en que se decreta su prohibición legal. Al parecer el jazz no necesariamente nace en Storyville, pero es ahí donde florece y donde cobra su carácter general de improvisación desbordada. Los músicos de Storyville ganaban dinero por tocar en prostíbulos y fiestas, pero lo hacían a través de su música productivamente improductiva. La fijación formal del jazz se da primeramente en las grabaciones y sólo después en la transcripción de las improvisaciones en partituras. Es decir, el sentido musical moderno está invertido: primero la obra (si se le puede llamar así a una música inventada ahí mismo) y después su fijación material.



9.- Si el jazz, al menos en su momento de diáspora, tiene una tendencia a liberar la creación musical humana de la dependencia de la forma cerrada de la modernidad cristiana capitalista, entonces podemos pensar que las destruidas comunidades de ex-esclavos afroamericanos -y los sujetos modernos que de ellas resultaron-, estuvieron en una cierto ‘punto ciego’ de la conciencia subjetiva moderna desde donde alcanzaron a atisbar el sinsentido radical que impera en el mundo mercantil capitalista.


10.- Un sinsentido que se expresa en su dependencia de la forma dineraria, que remite a la forma equivalencial del valor, y que a fin de cuentas, se remite a las formas concretas de las mercancías en el plano de su circulación. Tendríamos pues, que los ex-esclavos inventaron el jazz aprovechando el carácter evanescente de la música, para hacer una sátira de lo ridículo que es el vacío de sentido de las formas de valor capitalista. Es decir, para dar circulación mercantil a una música que al final es nada, mostrando así, que la esclavitud hacía las formas musicales en occidente no es sino una gesticulación histórica vacía que realizan los músicos profesionales para poder entrar al sistema de la forma dineraria. El jazz sería menos que una utopía pero más que una esclavitud hacia las formas musicales cerradas.





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